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Alterego en el Infierno


Anoche tuve un sueño, pero no como el de Martin Luther sino un sueño, sueño, de los de dormir. El caso es que últimamente tengo, digámoslo así, dificultades para conciliar el sueño. Nada que ver con el insomnio. Sólo dificultades. El caso es que paso de estar despierto a estar profundamente dormido en más tiempo del habitual. Para mí, lo habitual es ver mi almohada a cien metros y estar ya roncando…
Antes de quedarme dormido, igual que otros cuentan ovejas o repasan su agenda del día siguiente, suelo caer de manera involuntaria en polémicas absurdas tipo por qué los comentaristas y tertulianos de las radios y las tv no dan de una puñetera vez un golpe de estado planetario y solucionan todos los problemas del mundo habida cuenta de que tienen soluciones para todo?. En fin, cosas así.
Sin embargo, la polémica autoinfringida de anoche tuvo como resorte inconsciente la última colección de Prada en Milán. Estamos sobrevalorando a Prada?. Realmente todo lo que hace es tan maravilloso o nadie se atreve a decir realmente lo que piensa?. Deberá venir una niña inocente para hacer ver al Emperador que va desnudo?.
Total, que pensando si era mejor Ferragamo que Prada me quedé profundamente dormido… y ahí empezó mi calvario.

De repente, un ruido sordo como de arrastrar de cadenas, me sobresaltó. Ante mí, oscuridad profunda y una figura apenas atisbada entre las paredes que conformaban aquella especie de caverna sinuosa y enorme. Un par de ojos oscuros y profundos me observaban tras una nariz prominente que asomaba bajo la capucha de la túnica remachada con tiras de cuero y cristal negro (of course!).

Con voz trémula (siempre quise decir esto) pregunté:
Eres el fantasma de las Navidades pasadas?
Una voz de ultratumba, poderosa como cien truenos y perfecta como una esfera de cristal me respondió (de bastantes malos modos, he de decir):
Soy Miuccia Prada, animal!!
Yo, como es de imaginar, me quedé perplejo. Aún así, conseguí sacar fuerzas de donde no las había y me arriesgué a una segunda pregunta:
Y qué quieres de mi?
En buena hora…
Quiero que me acompañes al Infierno de la Moda. Tú, mi más fiel seguidor, mi acólito número uno, aquel que jamás (recalcó) ha cuestionado ni una sola de mis colecciones, ese que no paró hasta que le regalaron por Navidad unas chanclas del Luna Rossa que ahora no se pone, te has permitido dudar de mí… Y eso tiene un precio.

A estas alturas yo tenía los huevos como aceitunas (pequeñitas, pequeñitas) y como de todo se aprende en esta vida e intuía que aquello no era una visita de cortesía, no pregunté más. Agaché la cabeza y dije:
No soy digno de que entres en mi blog, pero una palabra tuya bastará para sanarme… (vale; también tenía muchas ganas de decir esto, pero al fin y al cabo era el responsable de mi propio sueño).
Empezamos a caminar. Miuccia delante y yo detrás con la cabeza baja, más para ver dónde ponía los pies que por humildad (virtud que, francamente, no me adorna). Como duermo sin gafas y aquello estaba super oscuro y como también soy un poco tocapelotas, volví a preguntar:
Dónde estamos?. En un cuarto oscuro?
En el Infierno, maricón!!
Vale. Mensaje captado. No más preguntas. La Mamma no tiene el día pedagógico y yo quiero despertar sano y salvo.
Miuccia extendió su mano que todo lo crea y todo lo destruye, y ante mis ojos atónitos y entornados (soy miope y no llevo gafas, insisto) se presentaba una inmensa montaña de fuego y tornados, rodeada por lo que parecían ser anillos o terrazas. Los Anillos del Infierno de la Moda.
Con algo más de paciencia de la que había mostrado hasta entonces (sospecho que la muy perra disfrutaba con todo esto) me obligó a entrar en el primer anillo, mientras me explicaba (menos mal) de qué iba todo aquello:

Primer Anillo: los seguidores de la moda pronta. Millones de personas dan vueltas sin fin (esto es una constante en todos, así que en lo sucesivo me lo ahorraré) con bolsas de Zara, Gant, Pull and Bear… Los menos afortunados, los que todos miraban con desdén, llevaban unas extrañas bolsas blancas con un nombre azul que (malditas gafas) no acerté a leer.
Segundo Anillo: los que pusieron toda su fé en los grandes almacenes. Mujeres en su mayoría, recién salidas del bingo, con cara llorosa y grandes bolsas.
Tercer Anillo: los fanáticos de los Beckham. Chonis y Chulos o viceversa de zapato blanco, pendientes de diamantes falsos y tetas XXL. Su religión les prohíbe ingerir sólidos por lo cual, este anillo es más lento que la M30 un lunes por la mañana con lluvia.
Cuarto Anillo: los X. Gente a la que le da igual ocho que ochenta, de esos que se visten en función de su temperatura corporal. Miuccia los desprecia tanto que apenas estuvimos un momentín. Mejor porque yo también los desprecio bastante. He creído ver una mirada cómplice?. Nota mental: en lo sucesivo, dejar las gafas en la mesita de noche, por lo que pueda pasar…
Quinto Anillo: Cibeles Madrid Fashion Week. Creo que poco más hay que decir. Me hubiera encantado decirle cuatro cosas a los Lomba y los Larraínzar pero Miuccia tenía prisa. Me conformé con un empujón disimulado.
Sexto Anillo: diseñadores noveles y poperos. De esos que creen que a alguien le puede interesar broches de felpa o faldas con perritos de patchwork. Un horror. Todos estos se prostaron a nuestro paso. Bueno, al suyo. A mi ni me miraron.
Séptimo Anillo: los saldos y las rebajas. Esto ya era el acabose. Más lleno que Gran Vía el día del Orgullo.
Octavo Anillo: los It. Fotologeros, Blogueros y demás calaña de Internet. Aquí el problema era caminar sin caerte deslumbrado por los flashes de las cámaras digitales con las que todos se hacían fotos a todos, pero sobre todo a sí mismos.
Noveno Anillo: el último. El más aterrador. El Anillo de los que vendieron su alma a La Martina y Tous. Gente seudo pija que se cree en posesión del charme más absoluto. Una pesadilla en toda regla.

Al borde del agotamiento extremo, Miuccia (en adelante, La Grande), me miró tras su inmensa nariz italiana y con bastante mala leche me preguntó:
Y bien?
Ante lo cual, qué podría contestar??.
Insistió:
Como castigo por haber dudado de mi y de mis colecciones pasadas y presentes y para que sirvas de ejemplo a todos aquellos que pudieran caer en tu misma tentación, te dejaré para siempre en el Noveno Anillo, usando polos de algodón con más letras que El Quijote y más banderitas que un mitin del PP para siempre jamás.

Me quedé de piedra. En La Martina?. Yo en La Martina?. Para siempre jamás?.
Noooo… La Martina noooo… La Martina noooo…

De repente, un fuerte golpe me despertó al momento. Afortunadamente, G venía a salvarme una vez más. Cuando yo ya esperaba algo del tipo: “tranquilo, amor, es sólo un sueño” lo que escuché fué: “como sigas así te vas a dormir al sofá. Esto no hay quien lo aguante, coño!”.

Menos mal. Había sido sólo una pesadilla.
Por cierto, durante todo el sueño y durante toda la visita al Infierno de la Moda, una cancioncilla resonaba continuamente a modo de banda sonora y yo, claro está, me desperté con ella en la cabeza.
Celebration…
Pero es que esta mujer hace promoción hasta en el Infierno???

- [Fuente Original]

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