He visto a gente colarse en desfiles de moda cuando los de seguridad miraban a otra parte. Sustrayendo invitaciones, usando las de otras personas, poniéndose pesados, cayendo en gracia o haciendo un trueque por una determinada labor.
Pero nunca me habría imaginado que hackear el sistema informático fuera una de las maneras de entrar a un desfile de moda sin ser invitado.
Los tiempos avanzan que son una barbaridad.
A Remy Renzullo y Becca Shumlin (un aspirante a diseñador y la hija de un político demócrata estadounidense), les hacía ilusión asisitir a algunos de los desfiles de los diseñadores más guays de Nueva York, como Alexander Wang y Erin Fetherston. Enviaron un email con la petición, y cuando no recibieron una entrada, se tomaron la justicia por su mano, entraron en el sistema informático de los RRPP y añadieron sus nombres en las listas de invitados. Una empleada de la firma que más que trabajar en moda debería fundar su propia empresa de seguridad estatal, se dio cuenta de que había gato encerrado y rastreó su pista hasta uqe pudo demostrar que estos dos estudiantes de un instituto progresivo de Vermont habían hackeado el sistema.
La noticia no deja ser graciosa, por la ridiculez, por ese componente Gossip Girl que tiene y por la audacia y la pinta de los dos amiguitos (Atención a la foto de la izquierda. En uno de los comentarios de la noticia en Gawker se preguntan porque sigue llevando las gafas de 3D fuera del cine) . Pero también merece comentar un par de temas que dicen mucho sobre el mundo de la moda actual.
Uno es el creciente interés en la moda que tienen los más jóvenes. En generaciones pasadas, la norma es que los adolescentes creaban sus subculturas, se vestían para desafiar al sistema en lugar de aspirar a ser iconos de la moda.
Remy Renzullo había entrado en algún desfile y se había sentado en primera fila junto a una de las periodistas de moda más importantes del mundo.
No son los primeros jóvenes que se cuelan o desean colarse en un desfile. Siempre ha habido interesados en aprender o curiosear. Pero éstos son otro tipo de polizones: menos inocentes y menos vergonzosos. Más que ir a un desfile para ver moda, más bien parece que querían ser vistos. De hecho fueron recientemente retratados por The Sartorialist, lo que les convirtió en la envidia de sus amigos.
Otro, es que a pesar de que la información sobre las colecciones se transmite a nivel global gracias a páginas web, streamings, o videos, la pasarela no ha perdido su aura y sigue siendo un gran acontecimiento bi anual. Los desfiles están para quedarse.
¿Necesarios elementos subversivos o repelentes niños vicentes? Os toca decidir…
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